El mercado y la herencia articulados definen un cuadro de asignación de bienes que produce niveles extremos de desigualdad en el origen, por ello si lo que se busca es que la suerte de un individuo sea igual a la suma de sus decisiones habrán de activarse procesos de redistribución secundaria del ingreso y la riqueza. De no operarse esta reasignación secundaria toda invocación en torno la ampliación de las oportunidades y toda apelación al esfuerzo personal como justificación de premios y castigos se deslizará entre lo ilusorio y lo falaz.

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