La Convención sobre los Derechos del Niño vino a ratificar el carácter político de los problemas de la infancia. El Derecho, resignificado en los albores de la modernidad, es límite y horizonte de la deliberación política, define la frontera que separa lo social de lo individual, constituyendo una esfera inalienable de autonomía personal y señala el telhos que ha de perseguir esta deliberación: garantizar las condiciones materiales que posibiliten una efectiva autodeterminación personal.

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